Revisando relatos antiguos me encontré con este articulo que escribí al regresar de mis vacaciones en el 2005, algunos quizás lo recordeis otros ni lo conoceis, pero como el asunto continua vigente y aun no lo había posteado en el blog, aqui va, una historia de vacaciones, fuego y coraje e ira.


-Parte I-

Siempre que regreso del país Luso vengo con una sonrisa en el rostro. Y es que Portugal tiene muchas cosas que ver(1). Tiene gentes sencillas, cuervos que ladran(2), perros que hacen de sirena(3) , comida, mucha comida (4). En fin, Portugal tiene ese toque anticuado que a mi me encanta, aun puedes toparte en medio de una carretera con un carro tirado por bueyes, mulas o burros(5). Confieso que, aunque siempre voy a una aldea perdida, en la que no hay nada que hacer, y donde tienes que desplazarte en coche, bici o en un paseo respetable hasta ver movimiento, me encanta. No preguntéis el porqué.

Sin embargo, a pesar de esa sonrisa, desde hace unos años atrás también regreso con la nube de la ira y la amargura suspendida, amenazante, sobre mi cabeza, sobre mis pensamientos.

Y es que, si Don Dinis levantara la cabeza seguramente también levantaría su tizona y su ejercito contra los actuales gobernantes, los que están y los que han estado.
Don Dinis, monarca portugués apodado “El Labrador” fue uno de los artífices a los que hoy debemos que Portugal sea un gran pinar(6). Fue el quien comenzó a plantar un gran pinar en lo que hoy es la zona costera de Leiria para combatir la arenosidad del terreno(7) y obtener beneficios con la madera, que sería utilizada para la industria naval. De ahí, los pinos se extendieron por todo el país y consiguieron sujetar la tierra ante el avance del bravío Atlántico que amenazaba con “comerse” la tierra. Hoy toda esta enorme franja costera llena de pinares se llama “matas nacionales”.

Lo cierto es que hace algunos años, al cruzar la frontera te veías rodeado por pinos inmediatamente, era algo curioso que hoy ya no se puede ver. Y es que el proyecto de Don Dinis o de Don Alfonso III se viene abajo. No pretendo menospreciar los incendios españoles pero, es que lo de Portugal tiene tela. Comencemos a explicar de que va el asunto:

Siempre han existido incendios en Portugal, desde que tengo uso de razón, eran pequeños incendios que eran controlados por los bomberos y por los aldeanos, pero desde hace tres años el problema se ha disparado.
Muchos recordareis los grandes incendios de hace tres años en el país vecino y no se si recordareis las múltiples medidas y promesas que el gobierno prometió dar y llevar a cabo, promesas que no solo no se han cumplido sino que han hecho que el número de incendios sea cada vez mayor. Un año es allí, otro año es allá...y este fue “aquí”.(8)
Dejadme que os cuente una pequeña historia:

La verdad es que impresiona, se te encoge el corazón y quedas fascinado ante lo que ves, terriblemente fascinado y realmente esperas no volver a “fascinarte”.
Si, así es, este año me ha tocado “aquí”. No solo no lo he visto sino que he tenido que actuar.

Todo comenzó a la hora de la siesta, cuando algunos dormían y un servidor aprovechaba el momento para leer un poco en el porche de la casa, bajo la sombra del tejadillo pero sudando la gota gorda por el calor, a eso de las tres y media. No fue nada extraño ver humo a lo lejos "otro incendio" pensé y regresé a mi libro mirando de vez en cuando el humo que ascendía por allí hacia el cielo. Media hora después el humo era más intenso y parecía más cercano, así que, levantados de la siesta unos y dejando un servidor el libro para otro momento tomamos el coche para ver donde estaba el fuego, todo dentro de lo normal pues es costumbre desde hace unos años hacerlo.
El susto vino al ver que el fuego no estaba tan lejos como parecía sino a unos pocos kilómetros. Tampoco nos importó mucho, ya que estaba en la ladera de enfrente(9).
El susto mayúsculo vino al constatar que había otro frente en “nuestra” ladera y que se acercaba por detrás en dirección a nuestra zona.

Inmediatamente regresamos y el yo-vacaciones dio paso al yo-bombero. Media hora tuvimos para prepararnos ante lo que se avecinaba: Cubos, mangueras y utensilios de labranza en la parte posterior de la casa, la que da al pinar y el coche en la parte delantera, preparado para salir zumbando cuando las cosas se pusieran feas.
Los bomberos aparecieron tras muchas llamadas: venían tres hombrecillos sin agua en el camión. “Haced un cortafuegos y tratad de detenerlo” y se fueron.

Por suerte, los aldeanos ya están curtidos en estas lides y era época de veraneo por lo que los emigrantes portugueses estaban de vuelta con sus familias como todos los veranos. Conseguimos reunir unas 35 personas entre tres casas vecinas para detener lo que se venía encima e inmediatamente, armados con azadones, rastrillos y picos improvisamos un pequeño cortafuegos. Nos preguntábamos donde estaría el fuego pues lo sentíamos cerca pero no lo veíamos. El tiempo parecía haber transcurrido muy deprisa y aunque solo eran las 4 de la tarde parecían las 9 de la noche: el cielo estaba cubierto de humo, el sol era una esfera naranja, allá en lo alto, que intentaba hacerse un hueco entre la nube de humo que asolaba todo el valle. Y así, mientras contemplábamos como la ladera de enfrente ardía rápidamente y nos afanábamos en limpiar el suelo de matas y agujas de pino secas(10) vimos la razón por la que, aunque sabíamos que estaba cerca, no veíamos el fuego: llegaba amenazante, por lo bajo, sin alzarse en las copas de los pinos, arrasando la tierra, oculto por el monte, ladera abajo... hacia nosotros.

Las fuerzas te fallan, ya no te quedan, pero continuas moviendo la pala automáticamente, con más fuerzas si cabe, las fuerzas que te dan la ira, la furia y el miedo.

El cortafuegos hizo bien su trabajo, y las personas que aguardaban la llegada del enemigo lo terminaron alzando sus cubos y apagando el fuego. "¡Victoria!" pensamos, aunque nuestra victoria no duró mucho pues tras la primera oleada se acercaban dos frentes más: uno lento a la izquierda, que bajaba ansioso de llegar a las tierras que no habían sido limpiabas de matorral y otro más peligroso, a la derecha en la cima del monte, que tenía el trabajo más fácil pues los improvisados voluntarios tenían que subir el agua con cubos, ascendiendo la ladera. Sin embargo había que pararlo, si lo dejábamos pasar, todo estaría perdido, ni cortafuegos ni leches. Por suerte contábamos con un aliado inesperado: una camioneta familiar que adelantó, y mucho, el trabajo de subir el agua hacia arriba.
Y así mientras unos contenían el peligro de la derecha, con ayuda de la camioneta, otros esperábamos la llegada del de la izquierda, preparando un nuevo cortafuegos.


¿Qué cómo termina la historia? Bien por nuestro lado, los tres frentes fueron parados gracias a nuestro esfuerzo, pero el fuego continuaba su paso por el monte, amenazando nuevas áreas y relamiendo los restos de las áreas ya quemadas.
Esa noche nadie durmió, era necesario montar guardia, hacer turnos para vigilar que el fuego no se reavivase.

Resultado: unos 60 kilómetros arrasados por el fuego, cientos y cientos de hectáreas de pinos quemadas, arrasadas, algunas casas, almacenes, naves de ganado quemadas. Aparte de eso, los pinares están divididos en pequeños lotes repartidos entre pequeños propietarios, que carecen de seguro contra incendios, que pueden haber perdido unos 2 millones de pesetas por propietario con la quema de sus pinares.

-Parte II-

Y ahora qué? Se pregunta todo el mundo, ¿de quien es la culpa?... el asunto no es tan sencillo. Hay muchas cosas curiosas en este asunto, pero todas apuntan hacia lo mismo: la incompetencia de unos gobernantes y de unos caciques locales que ven la corrupción ante sus narices y se aprovechan de ella.

Comencemos con algunos datos para llegar después a las conclusiones:
Es evidente que quien sufre esto siempre culpa al que tiene más cerca, y en este caso los bomberos se llevan la peor parte, pero ¿realmente tienen ellos la culpa? Juzgad vosotros mismos:
Unidades profesionales de bomberos con pocos recursos, unidades profesionales que solo existen en ciudades de relevancia pues el resto se tiene que conformar con los llamados “bomberos voluntarios” que no cobran dinero, que no están entrenados, que carecen de peores efectivos aun y que tienen que pedirle a sus respectivos jefes que les dejen salir del trabajo para acudir a la llamada de la sirena que anuncia el nuevo incendio(11). Estos bomberos viven de las donaciones de los pueblos que rodean su parque de bomberos, donaciones que la gente se piensa antes de dar pues ¿de que sirven si cuando les llamo no vienen, y si vienen es sin agua?
Pero hay más, los bomberos profesionales no solo no tienen recursos, sino que tienen que mendigarlos de los bolsillos de las gentes. Sin ir más lejos, este verano, al comprar un pack de detergente y noseque más, una parte del dinero iba para comprarle a los bomberos un jeep de combate. ¿solidaridad? No: cara dura del gobierno que se guarda ese dinero para si, para ellos y después compra algún que otro jeep con el dinero que recibe de la Unión Europea.

¡Pero hay más!, a la hora de preguntarse quien ha sido el causante directo del fuego muy pocos piensan que ha sido fortuito, al contrario, siempre miran al cielo, y es que hay dos teorías respecto a esto:
Hay quien dice haber visto una avioneta soltando algo (unos dicen gasolina, otros algún detonante) justo antes de cada incendio. Y hay quien va más allá comentando que las avionetas apaga fuegos reciben una prima cada vez que vuelan y que son ellas quienes provocan los incendios.

Sea como fuere, ante esto lo lógico sería pensar: ¿que se gana incendiando un país?. Indudablemente hay alguien que si gana ante la vista de pinares quemados, ¿un pirómano?, no: una empresa maderera que consigue a precio de caramelo(12) madera para fabricar papel.

¿La culpa es entonces de las empresas madereras? Podría ser, pero continuemos más adelante:
Un incendio como el que un servidor vivió, de 60 kilómetros de largo, puede que más, podría y debería de haber sido atajado muy fácilmente mucho antes de que llegara a tener esa extensión.
Cualquiera puede darse cuenta de lo útil que nos fue a nosotros, simples granjeros, aldeanos, familiares o turistas, hacer un pequeño cortafuegos con unas palas, azadones y rastrillos y, así mismo, cualquiera puede deducir que llevando maquinaria pesada al incendio y haciendo un gran cortafuegos para rodearlo, la catástrofe habría sido infinitamente menor. Pero el propietario de un tractor no puede hacer eso, la maquinaria pesada tiene que venir de arriba, de los mandamases y no vino.
En su lugar enviaron a la zona un pequeño destacamento de 22 soldados(13).

Por supuesto el gobierno intentó lavarse las manos y la cara anunciando el ministro de medio ambiente, con voz tristona y sutil, que desgraciadamente había dado orden a los bomberos de salvar solo las casas. Es decir: dejar quemar todos los pinares hasta el borde de las casas como así ha sucedido.

Que cada cual saque sus propias conclusiones pero con esto y ejemplos varios como la sanidad portuguesa -que no es gratis ni en urgencias(14) y cuyos médicos son propensos a “aceptar propinas bajo mesa”- creo que Doña Corrupción se destaca entre damas favoritas de Portugal.

Quizás alguien, desde su cómodo sillón se este preguntando como en su día hizo Hitler con París: ¿arde ya Portugal?.

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(1)Por ejemplo, las lusitanas, que le alegran la vista a uno.
(2)Verídico. Es lo que ocurre cuando tienes un cuervo en una jaula y en la casa vecina tienes un chucho que no para de ladrar de una forma lastimera y patética.
(3)Verídico por supuesto. Es lo que tiene escuchar todos los veranos las sirenas de los bomberos, el perro terminar aprendiendo a imitarla.
(4) Por cierto, la yema del huevo no es de color amarillo-pálido al que estamos acostumbrados en las ciudades. Es naranja...
(5)También puedes toparte, de noche, con motos que no llevan luces, pero, aunque el susto es el mismo cuando vas a una cierta velocidad, no es tan pintoresco, ¿verdad?.
(6) Digo uno de los artífices porque según creo la idea es de Don Alfonso III y no de Don Dinis como se tiende a pensar.
(7)Portugal tiene un suelo muy arenoso, incluso en el interior y por tanto las plantas tienen más dificultad para adaptarse. El pino resinero, el que es alto, larguirucho y con copa en la cima y no el bajo y más redondeado, es uno de los pocos árboles que se adoptan fácilmente a los terrenos arenosos con poco agua.
(8) Dicen, y llevan razón, que todos nos apenamos al ver esas imágenes, pero que al fin y al cabo están lejos de nosotros y que solo reaccionamos cuando lo tenemos encima, cuando es “aquí y no allí”.
(9)Por esa zona la distribución de los pueblos suele ser: ladera del monte-valle-ladera del monte situándose las casas en el valle o en los comienzos de las laderas.
(10) es decir, las típicas hojas de pino.
(11)¡Y hay jefes que casi no les dejan salir!
(12) Pues un pino quemado, no vale lo mismo que uno sano y poderoso, claro.
(13)22 soldados sin maquinaria, sin útiles, sin agua o lo que es lo mismo: nada, pues tan solo para mi caso fueron necesarias unas 30 personas vecinas.
(14)En las farmacias, medicamentos que aquí te dan “gratis” con receta médica, allí no solo hay que pagarlos sino que están al doble de precio.

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