Parte I
Parte II

Hace tiempo que tengo la sección de relatos parada, sin novedad y si bien tengo unas ganas tremendas de volver a escribir no tengo tiempo para ponerme con ello. Asi que como se suele hacer en estos casos, acudiré al baul de los recuerdos para sacar dos relatos cortos que en su día publique en la ya vieja Encrucijada y que acabaron como relatos ganadores en sendos concursos.

El relato de hoy está ambientado en la saga de los Reinos Olvidados, y, al igual que con el siguiente traté de experimentar con el estilo de escritura y el mensaje.
Años después y al terminar de leer el relato, veremos si el público opina que lo conseguí, aunque aviso que la entrada es larga, tanto que la he divivido en dos :P

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-Relatos de Taberna: la profecía de D´Bayton.-


¡Venid amigos, sentaos en aquella mesa libre y pedid una buena jarra de cerveza a nuestro amable anfitrión Bran, posadero de este local!... Eso es... ¡bien llena la jarra y bien abiertos los oídos! Pues sabed que la historia que hoy os contaré es de pocos conocida... ah pero esta noche vosotros la sabréis amables parroquianos de esta posada. Y la sabréis porque yo, Guilderoy Windsong, famoso Trovador, Bardo y Aventurero ocasional os la contaré.

¡Comencemos amigos!

Prestad atención pues el comienzo de esta historia comenzó tiempo atrás, 200 años atrás en el reinado de nuestro insigne monarca Azoun IV, larga sea su vida y prospero su glorioso reinado. Situaos un poco antes de que el corsario Immurk El Invencible robase la corona real de Cormyr a Palaghard I... ah más no penséis que se trata de una historia de grandes reyes o de malvados piratas. Lo que en esta fría noche os contaré es una historia de intrigas, de odios, de venganzas y de ingenio.

¡Escuchad pues!

Enmarcaremos nuestra historia en Marsémber, importante puerto comercial de Cormyr. Allí encontraremos... os hablo de hace más de 200 años recordad... un almacén frente al puerto. Se trata de una compañía comercial, sin duda, ya que vemos a hombres cargados con sacos, toneles y otras variadas cosas, salir y entrar por la gran puerta que tiene el almacén, vemos pues, como se descargan las mercancías desde un navío mercante y como van entrando en el establecimiento. Pero dejemos a estos hombres con su trabajo y adentrémonos en el almacén... allí, al fondo se encuentra la oficina y es allí donde dos hombres alzan sus copas llenas de quien sabe que bebida y brindan por el éxito.

Uno de los hombres es Conrad D´Bayton, de edad avanzada y barba blanca sumamente cuidada, al igual que su cabello que luce lustroso aun a pesar de su edad, sus ropas no son las de un simple marinero o mozo de carga sino las de todo un rico comerciante. El otro, Darsin Brewer es algo más joven, no mucho más, de pelo castaño y estilizado bigote, bien cuidado y rematado en puntas, también lleva ropas propias de un prospero comerciante aunque a todas luces está claro que el Señor D´Bayton las luce con mejor gala y estilo que el Señor Brewer.

Chocan sus copas y beben. Sonríen y vuelven a beber... quizás sea hora de saber que hablan y que les tiene tan contentos.

¡Acerquémonos!

-Ha sido todo un éxito viejo amigo- le dice el señor Brewer al señor D´Bayton- con este cargamento de especias traídas desde Ilyak te harás rico-
-Nos, haremos ricos, Darsin, ¡nos.!- contesta sonriente el señor D´Bayton.-

Ambos vuelven a beber y continúan celebrando sus prospero negocio.

Ahora os preguntareis quienes son estos dos personajes y yo os lo respondo sin rodeos:
Conrad D´Bayton es un rico comerciante, uno de los más importantes de Marsémber, dirige su negocio con astucia y ha elaborado a su alrededor una serie de clientelas con otros comerciantes menores. De esta forma se asegura menos competencia y puede distribuir sus negocios entre toda su clientela de mercaderes variados. Este señor D´Bayton se dedica al comercio a gran escala, es el gran organizador de una red de medianos y pequeños mercaderes como ya he dicho pero no solo de Cormyr sino también de otras partes de Faerûn. Precisamente está celebrando la llegada de un cargamento de especias traído desde Ilyak, en Khóndazh. Pero no es el cargamento de especias lo que celebra sino las nuevas clientelas que ha conseguido pactar en Ilyak. Su negocio prospera, cada día más y no es para menos.
En cuanto a Darsin Brewer no hay que ser muy avispado para darse cuenta que es uno de los clientes de Conrad, el más cercano a su persona de hecho. Darsin es contable, lleva la contabilidad y el papeleo de Conrad y regenta un par de establecimientos comerciales que son abastecidos por Conrad. La fortuna de Darsin crece en proporción a la de Conrad –al igual que muchas de las clientelas de la casa D´Bayton- pues si los negocios le salen bien a Conrad, sus clientes de la casa comercial mencionada también salen beneficiados y Darsin especialmente dada la amistad que le une al gran comerciante.
Ambos son buena gente, oh y son honrados en la medida de lo posible. También son muy astutos, sobretodo Conrad y ambiciosos, muy ambiciosos.

¡Ah pero amigos! Esta no es la historia de Maese Conrad y Maese Darsin así que no me entretendré contándoos como la casa D´Bayton y sus clientes consiguieron ser la primera casa comercial de Marsémber, la más poderosa de la ciudad sino que iremos directamente al asunto por el que menciono a estos dos amigos y socios.

Escuchad con atención, he aquí un punto importante de este relato.

Nuestro, por ahora, protagonista principal, Maese Conrad D´Bayton es un hombre ambicioso y astuto, tal cual os he dicho, pero también es muy supersticioso y siempre lleva varios amuletos encima, en especial dedicados a la Dama Fortuna, Tymora. Así pues no es raro que Conrad quisiese asegurarse su futuro y saber que sería de su negocio cuando él ya no existiera. Habiendo contagiado las ganas de conocer el futuro a Maese Darsin ambos convienen en consultar a un adivino, a uno de los más afamados por aquella época: Ankber Ven-Garsh de Túrmish.

Los turmitas son gente de costumbres extrañas, cuentan que es costumbre que los invitados lleven platos ornamentados cuando visiten la casa de algún turmita. Por ello los dos socios y amigos incluyeron en la caravana un juego de platos ornamentados con los emblemas de Cormyr y los de la casa D´Bayton y tras contratar los servicios de un grupo de mercenarios que actuarían como protectores viajaron hasta Turmish o más bien hasta su principal ciudad, Alagón y buscaron al adivino. Les informaron que el adivino Ankber vivía no muy lejos de la ciudad, en una cueva en la cual hacía sus predicciones. También les dijeron que sus predicciones distaban mucho de ser claras.

Sin desanimarse continuaron viaje hasta la cueva indicada, subiendo por una tortuosa vía que terminaba en la caverna y entraron.

¡Ah amigos! El viejo adivino vivía rodeado de lujos en su austera cueva llena de alfombras de ricos decorados, mesas talladas, jarrones coloridos y de gran valor y como no, una exquisita colección de platos y otros útiles similares.

Cuando los dos Cormytas le rogaron una predicción, el adivinó asintió sin más palabras y mientras preparaba en una mesa los útiles para el conjuro que pensaba realizar les explicó que se trataba de una variante del conjuro de Presciencia que había alterado de tal forma que en lugar de avisar sobre un acontecimiento que estaba a punto de pasar como era lo normal en el conjuro, avisaba de algo que podía pasar a la larga si no se evitaba antes. Ankber lanzó el conjuro y vio el futuro.
Pasaron un par de minutos antes de que el adivino abriese los ojos y les contase lo que vio del futuro a través de las brumas del presente.

¿Qué que les dijo Ankber Ven-Garsh?, Escuchad, estos son los versos que D´Bayton y Brewer escucharon de boca del adivino:

Abrid oídos y ojos,
prestad atención los dos.

De entre las brumas del puerto,
se alza el puesto selecto.
¡Especias, vino, joyas,
delicias y otras cosas!

Un prospero negocio,
con un hombre de poder,
que se engrandece y no cae en el ocio,
a causa de su buen hacer.

Conrad es su nombre,
miles de monedas su fortuna,
pero no está solo,
otros le siguen por detrás,
pues a sus pies están.

De entre ellos,
otro hombre,
Darsin, su fiel ayudante.

Larga y prospera vida preveo,
para los dos.
Larga y prospera vida veo,
para sus hijos y nietos.

Largo será vuestro linaje,
grande la amistad entre los dos,
de los siglos y para los siglos,
hasta el fin.


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