Diplomacia en el mediterráneo oriental entorno al siglo XV a.C.
La diplomacia es uno de los aspectos más importantes de cualquier Estado, es el arte de tratar con otros paises o regiones y obtener de ellos lo que deseas o impedir que ellos consigan lo que desean. De las relaciones diplomáticas surgen guerras o frutiferos acuerdos comerciales. Mediante diplomacia caen paises, se ganan guerras o se hermanan regiones. La diplomacia es básicamente tratar con el contrario, con tu igual, con tu inferior o tu superior, con el diferente en definitiva. La diplomacia es pues, algo inherente a cualquier sociedad compleja y no es algo establecido desde los orígentes sino que evoluciona a la par que evolucionan las sociedades.
Este tema se situa hace unos 3600 años, en un periodo de la historia en la que la diplomacia marca por completo la vida de las primeras grandes potencias mundiales de la historia.
Por aquel entonces el lenguaje diplomático está en auge y observamos unas formas y un estilo que a nosotros, ciudadanos del siglo XXI nos pueden parecer curioso.
Para empezar existe una clara diferenciación entre el nosotros y ellos, todo lo que no forma parte del nosotros es extranjero y por tanto se considera, extraño e inferior:
Este tema se situa hace unos 3600 años, en un periodo de la historia en la que la diplomacia marca por completo la vida de las primeras grandes potencias mundiales de la historia.
Por aquel entonces el lenguaje diplomático está en auge y observamos unas formas y un estilo que a nosotros, ciudadanos del siglo XXI nos pueden parecer curioso.
Para empezar existe una clara diferenciación entre el nosotros y ellos, todo lo que no forma parte del nosotros es extranjero y por tanto se considera, extraño e inferior:
“Los que siembran en verano y recogen en invierno” (referido a los asiáticos)
“El león salvaje depone su furia, y se asemeja al tímido asno. El caballo acepta los arreos, y obediente sale fuera. El perro obedece las palabras, y camina detrás de su amo. El simio lleva el bastón aunque su madre no lo llevara. La oca regresa del estanque, cuando van a encerrarla en el corral. Se enseña al nubio a hablar egipcio, y también al sirio y a otros extranjeros”
Esto lo vemos reflejado en el idioma, que es espejo de cada pueblo y así por ejemplo la asimilación del extranjero de la cultura egipcia se equipara a la educación de los niños e incluso a la domesticación de los animales.
Este idioma y esta concepción de lo diferente en el ámbito de este tema viene muy marcado por la geografía, que asila y comunica reinos y es la que nos da las claves para entender las diferencias entre Egipto y la multiplicidad de pueblos del próximo oriente. La lengua Egipcia hace mucho más hincapié en esta superioridad que las demás debido a su confinamiento geográfico, mientras que, en el creciente fértil, la multiplicidad de pueblos (asirios, babilonios, hurritas, elamitas...) hace que las diferentes lenguas se valoren y se traten a un nivel similar.
A la hora, por tanto, de estudiar las relaciones entre reinos, conviene tener en cuenta la óptica centralista y el lenguaje de cada reino en primer lugar, lo cual acabamos de ver.
En segundo lugar la importancia clave del mensajero, sin la cual no podemos entender estas relaciones. El mensajero es a la vez, la persona que lleva la carta, el embajador que actúa como diplomático y en ocasiones el rehén o el invitado agasajado.
Este mensajero, por tanto, tiene que ser, necesariamente alguien cercano al rey, de importancia y prestigio dentro de la corte del Estado en cuestión y se calcula que su viaje duraría un año entero entre ida, vuelta y estancia, siempre que no se le retuviera como rehén, pues si esto ocurría generalmente pasaba otro ciclo anual como mínimo en la corte del país extranjero. Los mensajeros eran tratados según las reglas de la hospitalidad, comían en la mesa del rey, se les invitaba a las fiestas de la corte y se les trataba bien aun retenidos.
Esta retención de los embajadores era un movimiento diplomático más, ya que según las normas de la hospitalidad el mensajero era una persona libre y podía marcharse cuando quisiera pero en un contexto diplomático marcharse sin el consentimiento del rey anfitrión era un insulto hacia su persona así que los reyes, si les interesaba retenerlo, simplemente esquivaban el tema de su partida.
Este idioma y esta concepción de lo diferente en el ámbito de este tema viene muy marcado por la geografía, que asila y comunica reinos y es la que nos da las claves para entender las diferencias entre Egipto y la multiplicidad de pueblos del próximo oriente. La lengua Egipcia hace mucho más hincapié en esta superioridad que las demás debido a su confinamiento geográfico, mientras que, en el creciente fértil, la multiplicidad de pueblos (asirios, babilonios, hurritas, elamitas...) hace que las diferentes lenguas se valoren y se traten a un nivel similar.
A la hora, por tanto, de estudiar las relaciones entre reinos, conviene tener en cuenta la óptica centralista y el lenguaje de cada reino en primer lugar, lo cual acabamos de ver.
En segundo lugar la importancia clave del mensajero, sin la cual no podemos entender estas relaciones. El mensajero es a la vez, la persona que lleva la carta, el embajador que actúa como diplomático y en ocasiones el rehén o el invitado agasajado.
Este mensajero, por tanto, tiene que ser, necesariamente alguien cercano al rey, de importancia y prestigio dentro de la corte del Estado en cuestión y se calcula que su viaje duraría un año entero entre ida, vuelta y estancia, siempre que no se le retuviera como rehén, pues si esto ocurría generalmente pasaba otro ciclo anual como mínimo en la corte del país extranjero. Los mensajeros eran tratados según las reglas de la hospitalidad, comían en la mesa del rey, se les invitaba a las fiestas de la corte y se les trataba bien aun retenidos.
Esta retención de los embajadores era un movimiento diplomático más, ya que según las normas de la hospitalidad el mensajero era una persona libre y podía marcharse cuando quisiera pero en un contexto diplomático marcharse sin el consentimiento del rey anfitrión era un insulto hacia su persona así que los reyes, si les interesaba retenerlo, simplemente esquivaban el tema de su partida.
“¿Qué son los mensajeros?, ¿acaso son aves que pueden volar y marcharse?”
Aparte de su prestigio y linaje, ¿por qué eran importantes estos mensajeros y cuales eran sus funciones reales? En un mundo de escribas, dónde eran estos los que leían y escribían, se hace necesaria la presencia de alguien –el mensajero-, que no solo lea la carta, sino que, para evitar problemas derivados de una mala interpretación lingüística o de formas, expone el asunto a tratar con sus palabras y está plenamente capacitado para actuar en nombre de su Rey y dialogar y discutir la solución. Conocemos incluso a mensajeros que tenían capacidad para declarar guerra o paz según su criterio al llegar al destino como es el del mensajero que envió el hitita Tudhaliya IV a Salmansar I de Asiria, el cual presenta dos cartas hostiles en primer lugar como acto de bravuconada y finalmente, al observar las reacciones hostiles de los asirios presenta una tercera carta en el mismo viaje, con un carácter mucho más pacífico y con la cual consigue evitar una inminente batalla entre ambas potencias.
Por último el lenguaje diplomático esta lleno de convenciones aceptadas y asimiladas entre los diferentes Reinos. Así, existe una diferenciación entre Grandes Reyes y Pequeños Reyes, los Grandes Reyes principales, salvando las épocas y excepciones, son: El Rey de Egipto, el Rey de Hatti, el Rey de Mitani y el Rey de Karduniash (Babilonia).
En las cartas de El Amarna y otros testimonios que han llegado a nuestros días, entre estos Grandes Reyes existe lo que el profesor Liberani ha venido a llamar la ideología de la fraternidad. Estos reyes son hermanos entre sí y reiteran en multitud de cartas la idea de no inflingirse daño, de tratar bien al contrario y de “amarse” compartiendo recursos.
Esta hermandad no nos puede parecer extraña ya que, en cierta forma, los reyes podían estar emparentados a través de los múltiples intercambios de esposas reales. El caso más destacable es Egipto, que aun con esa conciencia de ser superiores que ya vimos, asimiló esta hermandad como arma diplomática necesaria, ya que el monarca del Nilo demandaba princesas orientales para su harén real. Tener una variedad heterogénea de esposas era un símbolo de prestigio para el Rey Egipcio ya que, en cierta forma teórica, teniendo en su harén una princesa asiria, él tenía “parte de asiría” entre sus dominios o ámbito e influencia.
Entre los Pequeños Reyes no estaba tan aceptada esta fraternidad y resultaba confusa y motivo de enfados. Un ejemplo lo podemos observar en una carta del Rey de Amurru al Rey de Ugarit, donde, siendo ambos Pequeños Reyes, el primero trata de explicar el concepto de fraternidad al segundo:
En las cartas de El Amarna y otros testimonios que han llegado a nuestros días, entre estos Grandes Reyes existe lo que el profesor Liberani ha venido a llamar la ideología de la fraternidad. Estos reyes son hermanos entre sí y reiteran en multitud de cartas la idea de no inflingirse daño, de tratar bien al contrario y de “amarse” compartiendo recursos.
Esta hermandad no nos puede parecer extraña ya que, en cierta forma, los reyes podían estar emparentados a través de los múltiples intercambios de esposas reales. El caso más destacable es Egipto, que aun con esa conciencia de ser superiores que ya vimos, asimiló esta hermandad como arma diplomática necesaria, ya que el monarca del Nilo demandaba princesas orientales para su harén real. Tener una variedad heterogénea de esposas era un símbolo de prestigio para el Rey Egipcio ya que, en cierta forma teórica, teniendo en su harén una princesa asiria, él tenía “parte de asiría” entre sus dominios o ámbito e influencia.
Entre los Pequeños Reyes no estaba tan aceptada esta fraternidad y resultaba confusa y motivo de enfados. Un ejemplo lo podemos observar en una carta del Rey de Amurru al Rey de Ugarit, donde, siendo ambos Pequeños Reyes, el primero trata de explicar el concepto de fraternidad al segundo:
“Hermano mío, mira: tú y yo somos hermanos. Hijos de un solo hombre somos hermanos. ¿Por qué no habríamos de estar en buenos términos entre nosotros? Cualquier deseo tuyo que me escribas, lo satisfaré; y tu satisfarás mis deseos. Somos una unidad.”
Y de igual modo, los Grandes Reyes muchas veces tenían que aceptar a regañadientes que un rey menor se dirigiese a ellos como hermano. Dos ejemplos claros son, por un lado, la respuesta del (gran) rey hitita al rey (menor) asirio:
“¿Por qué habría yo de escribirte en fraternidad?. ¿Acaso somos hijos de la misma madre?. Así como mi padre y mi abuelo no escribieron al rey de Asiria en fraternidad, tampoco tú m escribas en fraternidad”
Y por otro el caso del Reino de Alashiya, en Chipre, fuente de cobre de todo el oriente, lo cual, aun siendo un reino o conjunto de reinos de poca importancia en la esfera política del oriente y al estar aislado de las grandes potencias militares por su geografía isleña, le permitía el lujo de usar la fraternidad con potencias de primer orden como Egipto.
Estos tres elementos -centralismo, actividad de los mensajeros y lenguaje diplomático- son los que marcan la diplomacia de esta intentsa época. Pero esto es sólo una pequeña muestra, ya que el tema es complejo, para ampliar información recomiendo leer al profesor Liberani, un italiano especialista en diplomacia en el próximo oriente antiguo y, por supuesto cualquier manual o web para ver el marco histórico de esta época.
Estos tres elementos -centralismo, actividad de los mensajeros y lenguaje diplomático- son los que marcan la diplomacia de esta intentsa época. Pero esto es sólo una pequeña muestra, ya que el tema es complejo, para ampliar información recomiendo leer al profesor Liberani, un italiano especialista en diplomacia en el próximo oriente antiguo y, por supuesto cualquier manual o web para ver el marco histórico de esta época.
Categorías: Historia


Solveig_Llanto dijo...
Lo que dices de los idiomas es interesante. He leido que en el creciente fertil y tambien en algunos paises del Mediterraneo, se consideraba que los pueblos que solo hablaban un idioma eran salvajes, toscos e incultos (supongo que eso no se lo dirian a Faraon, claro). Habia tanta mezcla, en especial en los puertos, que la gente solia hablar varios idiomas.
Comparar con la Espanya de mitad del siglo XX donde quien no conseguia tener buenas notas en el cole era enviado, como inutil total, a aprender idiomas ("ya que no sabe hacer nada, al menos que aprenda idiomas").
21 de septiembre de 2009 1:35:00 CEST