Capítulo IX: El alcázar de Winstan.
Mientras todo esto ocurría, el Napolitano Ambrosinio trabajaba sin descanso para ultimar los planos del futuro y soñado Alcázar de Winstan. El noble Dumorix visitaba de vez en cuando el taller del arquitecto para supervisar los planos y hacer algunas sugerencias e ideas.
Sin embargo, el sueño del noble de Winstan era un sueño caro y no podía apretar el cinto de sus súbditos para construir su sueño y capricho. La solución vino dada cuando el Rey Serhat I se ofreció a financiar las obras y una vez terminados y aceptados los múltiples planos del arquitecto Ambrosinio las labores dieron comienzo mientras Dumorix lo observaba todo desde su palacete en las llanuras. Cada mañana al levantarse miraba por la ventana hacia las montañas cercanas y observaba como muy lentamente el Alcázar se iba levantando. Las obras de la construcción de la gran fortaleza se extendieron por los alrededores y cientos de personas, carentes de trabajo, llegaban para sumarse a los obreros que ya trabajan en el Alcázar. Estas personas, al terminar las obras y quedar sin empleo pasarían a engrosar un nuevo cuerpo dentro del ejercito de Winstan, el regimiento de ingenieros, del que hasta entonces, el noble Dumorix, carecía.
Pasemos sin más preámbulos a describir el ahora conocido como Alcázar de Winstan:
Cuando el visitante llega al valle y alza la mirada hacia los montes cercanos observa una mole de piedra, suspendida casi al borde de un barranco. Hay una calzada, al estilo romano, que asciende la montaña rodeando la misma hasta llegar a una amplia llanura de unos 200 pasos. Al fondo de la cual se alzan las murallas exteriores de la fortaleza. Son unos muros altos, copiados directamente de las murallas de Bizancio, de roca negra, que en las noches de invierno, cuando la luna ilumina el lugar y el viento hace cantar a los árboles, más bien parece una estampa siniestra, tenebrosa, invitando al curioso a marcharse corriendo ladera abajo.
Cuando el visitante cruza las enormes puertas de los muros exteriores que se encuentran en la fachada Oeste, se encuentra con un patio principal y unas murallas interiores al fondo. Si el visitante rodea esta zona intramuros encontrará gran cantidad de establecimientos, destinados a dar suministros al Alcázar. Herrerías, caballerizas, armerías, hornos, graneros... Por lo general están destinados exclusivamente al alcázar, pero si el visitante se ve necesitado de algún producto, en estos establecimientos quizás encuentre lo que busca.
Las murallas interiores son más bajas que las exteriores y constan de 4 entradas, una por cada fachada del alcázar, aunque la principal continua siendo la de la fachada Oeste. Esta es la zona del Alcázar propiamente dicho, donde encontrará un nuevo patio por el cual siempre hay soldados caminando de un lado a otro. Encontramos aquí varios almacenes, barracones y caballerizas para los soldados y para guardar víveres y productos.
Dejando la zona intramuros y los patios que rodean el Alcázar accedemos al mismo por unas grandes puertas –que solo se abren en ocasiones especiales y que constan de otras más pequeñas que siempre están abiertas- e inmediatamente parpadeamos para acostumbrar nuestros ojos a la suave luz del interior, en contraste con al fuerte luz solar. Esta iluminación proviene de amplias vidrieras, cuya luz confluye en la sala central, en la cual nos encontramos tras acceder por las puertas del alcázar.
Esta sala se trata de un gran patio interior cubierto, a cuya izquierda, por tanto en la cara Norte, encontramos la fachada de una catedral integrada por completo a la mole que forma todo el Alcázar. Los retablos de dicha catedral tienes reminiscencias bizantinas pero están decorados al estilo predominante en la Europa occidental de la época, con el Pantocrátor al fondo y capillas laterales pertenecientes a varios santos y a la virgen. No destaca por su grandiosidad sino que más bien es sobria y sencilla, exceptuando los mencionados retablos.
A la derecha, por tanto la fachada Sur, encontramos las dependencias de los sirvientes y algunas salas importantes como las cocinas.
De frente al portalón de entrada al alcázar, por tanto en la fachada Este, encontramos unas grandes escaleras que suben a los pisos superiores. Bajo estas escaleras continúan las dependencias de los sirvientes y los almacenes, despensas y bodegas que por tanto ocupan toda la cara sur y este.
Ascendiendo por las grandes escaleras de mármol llegamos a dependencias más privadas en los siguientes pisos. Sería muy agotador para el amable y paciente lector el describir habitación por habitación y sala por sala, así que me limitaré a mostrar al amable lector algunas de ellas.
A destacar la biblioteca. El noble Dumorix es un apasionado por los clásicos grecolatinos y conserva numerosas copias de las obras de Salustio, Séneca, Horacio, Tito Lívio y como no, César, del que el noble señor se confiesa admirador. También guardan estas paredes algunos tratados árabes, cedidos por el insigne Abengazul, algunas obras religiosas regaladas por su mentor, el sacerdote de Malberg. Y como no, también existen en esta biblioteca algunas obras de origen bizantino pues el Señor de Winstan no olvida sus orígenes. Por último la colección de mapas no es muy extensa, pero contiene lo indispensable y más.
El salón principal es una bella estancia decorada al estilo francés, donde una larga mesa se encuentra fijada en el centro. Es aquí donde el noble Señor celebra las comidas importantes, pasando después a la sala de la guerra, que viene a ser una amplia sala de reuniones.
El dormitorio del Señor de Winstan y su despacho, son las estancias más privadas del Alcázar. De estilo sobrio, severo y sencillo. Por último cabe destacar una pequeña y acogedora salita de estar, con una gran chimenea para las noches de invierno, donde el Señor del castillo pasa el tiempo y se relaja solo o en compañía de amistades cercanas.
A todo esto, añádale el amable y paciente lector las habitaciones de invitados, las dependencias de la corte del señor de Winstan, –en definitiva: donde moran los personajes ya nombrados como son Paulo de Bizancio, el general Sturford o un servidor, por ejemplo-, y algunas cuantas salas más.
Aparte de todo lo mencionado, el alcázar cuenta con multitud de pasillos y salas ocultos, que cruzan de un lado a otro al enorme fortaleza. El amable lector comprenderá que este humilde novelista no hable de ellos más que lo necesario y lo justo para decir que muchos son de uso cotidiano por los moradores del Alcázar pues sirven de atajos, y otros, mucho menos conocidos tienen otros fines y usos que el amable lector puede imaginar.
Siempre hay una guarnición de hombres en el Alcázar, los más leales al noble Dumorix y mandados directamente por él mismo. La disciplina cunde entre los hombres defensores, aunque la vida transcurre apacible en el Alcázar de Winstan.


Dumorix dijo...
Sí, es una excusa mientras termino lo que tengo atrasado y no tener muertito el blog:p
1 de febrero de 2009 22:30:00 CET
Arwen_mge dijo...
Vale, vale, menos mal que lo has aclarado porque venía dispuesta a echarte la peta del siglo :P
2 de febrero de 2009 0:10:00 CET
Dumorix dijo...
Uno que es previsor xD
2 de febrero de 2009 11:32:00 CET