lunes 28 de julio de 2008

Juan Carlos I, ¿Emperador de Oriente?

Pues sí, curiosidades de la vida... y me explico:

Cuando el imperio romano de occidente cae (Hispania, Itália, las Galias y Mauritania) bajo la presión de las crisis internas y las migraciones bárbaras el imperio romano de occidente se mantiene en pie hasta el siglo XV, bajo el nombre de Imperio Bizantino.
Es un periodo de la historia algo olvidado, al menos en la cultura general española (¡y eso que los bizantinos estuvieron por aqui unas cuantas décadas!).Sin embargo famosas son las murallas de Constantinopla/Bizancio (la Estambul actual para entendernos) que solo fueron asaltadas en dos ocasiones: durante la Cruzada Infame o IV Cruzada, cuando los Cruzados de occidente asaltaron Bizancio y durante unos años crearon el pobre Imperio Latíno hasta la reconquista de Miguel VIII Paleólogo y finalmente un martes del Mayo de 1453, cuanto los Otomanos, tras un duro asedio tomaron la ciudad y pusieron fin a Bizancio (y a la Edad Media segun los cánones de los historiadores).

Sin embargo, tras Constantino XI Paleólogo, último emperador de facto y defensor durante el asedio de 1453, la dinastía de los Paleólogo no muere, sino que continua hasta 3 generaciones después, cuando un arruinado Andrés Paleólogo, protegído por el Papa de Roma y casado con una prostituta romana, Catalina, decide "subastar" su título de Emperador de oriente al mejor postor.

El más interesado resulta ser Carlos VIII de Francia, pero el francés muere antes de firmar el trato.
El hermano de Andrés, Manuel Paleólogo, acuerda el traspaso del título con el sultán Beyazid II a cambio de vivir como invitado de honor en su corte pero Andrés Paleólogo muere antes, dejando en su testamento como herederos del título Imperial, a los mismísimos Reyes Católicos, Isabel y Fernando (un agente de estos había llegado a un acuerdo con Andrés).

El título de Emperador de Oriente, al igual que otros títulos, pasó de Rey en Rey y de dinastía en dinastía hasta la Transición. Es más que probable que el Rey renunciase al título durante la Transición, igual que renunció a otros derechos heredados de esa época (como el nombramiento de Obispos en España, otra prerogativa otorgada por el Papa a los Reyes Católicos ), pero ahí está, los últimos Emperadores de Oriente: Juan Carlos I y Sofía de Grecia :P

jueves 17 de julio de 2008

Crónica de un fin de semana Asturiano-o

Capítulo I: Dumo, ¿quieres agua?.

A eso de las 7 de la tarde del Jueves, los cuatro madrileños de la que llamaremos a partir de ahora Compañía Astur partimos rumbo a tierras gijonesas. Ninguno de nosotros nos esperábamos lo que por allí habría de acontecer.
Uno de ellos no imaginaba reencontrarse con su pasado, otro no esperaba poder tener una de las barrigas más codiciadas, la siguiente no sabía que iba a romper su maleficio asturiano y el último... no esperaba una camiseta rosa.

Felices y lozanos, los aventureros tomamos rumbo al Norte y con el “ancha es castilla” como lema durante las siguientes horas y un “¿queréis agua?” como amenaza de nuestro arrojado conductor llegamos a tierras leonesas con la cordillera cantábrica en el horizonte. Tras un breve ágape y/o bocata de lomo al caer la tarde y saborear por primera vez el fresquito norteño continuamos rumbo hacia las tierras de Pelayo, que nos dieron la bienvenida con algunos bancos de niebla tan propios de una peli de terror.
A eso de las 12 de la noche llegamos a Gijón, un mar sin olas nos recibió y tras un paseíllo por el paseo marítimo vimos por primera vez, en una tienda, lo que sería mi némesis...

Algo cansados por las 5 horas en el coche nos fuimos pronto a dormir.

Capítulo II: Los bancos de Poniente.

Uno que tiene un Master en eso de dormir como un tronco, consiguió dormir como tal, con el arrullo de las gaviotas como canción de cuna. Otro tuvo que conformarse con un loro obsceno y depravado.
Bajamos a pegarnos un pedazo de desayuno para andar con fuerzas el resto del día y enseguida nos pusimos en marcha para una mañana turística.

La Iglesia de San Pedro fue lo primero en caer y aunque parecía algo más por su situación, sus campanas de verdad y su escudo eclesiástico se trataba “nada más” que de una iglesia parroquial... fue el primer síntoma de que los gijoneses hacen todas sus iglesias a lo grande. Por lo demás una iglesia característica del cantábrico son sus columnas simulando sogas marineras y sus conchas de Santiago.
Después buscamos las termas romanas, que según el plano que estudiamos la noche anterior estaba bajo nuestros pies y así fué tras divisar una oculta entrada subterránea.
Las termas datan de fines del siglo I, comienzos del siglo II, seguramente tras el Edicto de latinidad de Vespasiano que convertía todas las ciudades peregrinas de Hispania en municipios flavios, con situación jurídica de latinos (casi romanos con todas las de la ley). En buen estado de conservación y con una visita más que decente, aunque es una pena que no puedan excavar por debajo de la iglesia de San Lorenzo para descubir lo que falta...

Seguidamente bordeamos el monte de Santa Catalina dónde me he enterado que tuvo sus cuarteles la Legio IV Macedónica de Augusto y en época de la guerra civil fue convertido en bunker, que es lo que se puede ver hoy, aparte de la estatua de chillida (sigo pensando que le hace falta un tejadillo para que los paisanos y turistas puedan refugiarse). Un paseo muy agradable bordeando el mar, sin olas... hasta llegar al puerto deportivo dónde los sueños marineros de uno de los miembros de la Compañía Astur, afloraron tras ver un catamarán gabacho recién llegado.
Continuamos por el puerto hasta la playa de Poniente dónde iba a estar situada la Semana Negra, una feria en sus orígenes dedicada a la novela negra que con el tiempo se ha abierto a otros géneros. Para nosotros era la excusa del viaje ya que el señor George R.R. Martín, al que algunos ya comparan con Tolkien, autor de la saga de Canción de hielo y fuego iba a estar por allí firmando libros.... ¡y cual fue nuestra desilusión al enterarnos que Mr. Martín no tenía nada programado hasta el domingo!, cuando nosotros teníamos planeado regresar a los madriles. Paseamos un poco por los puestos aun cerrados de la Semana Negra haciendo tiempo para comer dándonos la impresión de que aquello iba a ser como las fiestas del barrio, con mucho gofre y mucho mercadillo de ropa.

Con esta sensación rara y sin saber que planear nos metimos a comer en un bar del paseo marítimo. No se si fue el hambre que habíamos hecho con el paseo, pero el pollo a la cerveza entraba que daba gusto y satisfechos y llenos nos arrastramos hasta el otro lado de la calle para dejarnos caer en los bancos gigantes y grandiosos que había frente a la playa. Mención especial merecen las servilletas dónde uno apunta teléfonos, ¿verdad?

Capítulo III: con acento bable.

Tras un largo descanso en esos benditos bancos, la Semana Negra abrió sus puertas y la Compañía Astur entró de lleno... bueno, vista así, con los puestos abiertos, no era la feria del barrio, había libros y servidor se hizo con uno de los de Mr. Martín por si, por azares del Destino, Buda o la veleidosa Dama Fortuna, conseguíamos verle. También cayó en mis manos “Las Legiones malditas” una novela con muy buena pinta sobre las legiones que se enfrentaron a Anibal (a ver cuando puedo leerlo, tengo demasiado por leer : ( ).

Las últimas compras las hicimos en la tiendecilla de ropa que vimos el primer día, en la maleta cayeron camisetas como la de Han Solo, los Blues Brother, el bueno el feo y el malo, Harry el sucio... y una camiseta rosa, con un koala en medio y una frase que me niego a reproducir.

Esa noche la dedicamos a otro de los objetivos del viaje: dar debido culto a la sidra. Así que prestos por las primeras gotas de lluvia que empezaban a caer tras la puesta del sol nos refugiamos en una sidrería.
-Vosotros no sois de aquí, ¿verdad?- me preguntó un camarero ¿argentino? al ver mi nulo entendimiento del ritual sidrero.
Tras entender en que consistía el ritual (escancias, bebes de golpe, escancias, bebes de golpe, escancias, bebes de golpe...) nos sentamos en una mesa y pedimos varias raciones (chorizos a la sidra, pescaito...) mientras otro camarero ¿argentíno? nos iba escanciando botella tras botella en un curioso cubilete que les han hecho poner en todas las sidrerías para no poner perdido el suelo.

A las séptima botella de sidra nos llamó un amigo asturiano que conocimos en internés y quedamos con él para continuar la racha sidrera. Tras otras dos botellicas de sidriña escanciadas con bastante destreza por uno de los miembros de la Compañía (¿15 años que no ibas al norte, dices?) ya íbamos notando el acento astur-o, así que decidimos-o poner la guinda-o al pastel-o con la cervecita-o de rigor-o y tras una breve incursión en una discoteca decidímos que estábamos lo suficientemente mataos como para arrastrarnos al hotel y buenas noches.

Capítulo IV: Es el destino.

A la mañana siguiente el plan era que dos de los miembros de la Compañía desayunáramos y nos pusiéramos en camino al recinto de la Semana Negra para una supuesta jornada rolera que se organizaba por la mañana. Sin embargo, a pesar del sueño, de los borrachos de la noche que no dejaron dormir a algunos (adivinad quien ni se enteró :D), y de algún que otro leve dolor de cabeza por causas sidreras, los cuatro nos pusimos en camino... y empezó a llover y llegamos calados a la Carpa del Encuentro-o, la más grande, y allí solo había cuatro gatos... bueno paisanos, que los gatos son solo para los madrileños.

La cosa no pintaba naaaaaada bien. Nos sentamos a mirar como un grupito preparaba una partida de mesa de Tronos y otro hacía lo propio con otra de Tronos pero en tablero. Alguna que otra gente de la web de Asshai con un apocaliptico “Martín is coming” o un profético “Benjen Lives” en sus camisetas y poco más... bueno y una reportera que amablemente nos animó a participar en la partida de tablero porque “la de mesa es demasiado difícil”... aishhh como se nota que no conoce a mi Karstark y su proyecto “ponga una fortaleza en su vida”.

Fuimos llamados por el colega asturiano y aprovechamos para salir escopetados de allí y mientras tomábamos rumbo al hotel para aprovechar lo que nos quedaba de mañana y acércanos a Oviedo-o, la luz se abrió paso entre las nubes y las piedras de los infieles cayeron sobre ellos y Pelayo ... ¡ah no! espera que eso llega después. Se hizo la luz cuando uno de los nuestros comentó como de pasada:
-¿Ese hombrecillo que sale del taxi no os recuerda a alguien?- Lo siguiente que recuerdo es la cara de terror del hombrecillo al divisar nuestros rostros de sorpresa y un “¡Mr Martín please!” siendo abordado en mitad de la calle por la fémina del grupo con un cuadernillo rosa con lunares verdes de Ágata Ruiz de la Prada para conseguir el preciado autógrafo.
Su acompañante nos informó que el bueno de Martín (le faltaba la gorra de marinero insisto) iba a adelantar trabajo firmando por la mañana, así que ni cortos ni perezosos miramos con carilla de pena a nuestro sufrido compañero asturiano y aplazamos el paseo para otro día, recogimos nuestros ejemplares en el hotel y aprovechamos para hacerle los regalos de rigor a nuestra compañera del día.

En 30 minutillos ya estábamos frente a Mr Martín. Un hombre muy majo a pesar de que le habíamos asaltado en plena calle, de que allí estábamos otra vez y que no sabía lo que le esperaba más tarde. Me firmó con un “To Juan, fly hight” y tras la fotillo de rigor salimos del lugar... Lo que ocurrió después... servidor quiere pensar que fue la buena obra del día para aquel sufrido escritor que se iba a tirar todo el día firmando y firmando pero lo cierto es que hay un límite entre la decencia y la vergüenza y esto... eeeeer.... buena obra del día .... Baste decir que uno de los miembros de la Compañía consiguió tener la barriga más codiciada... “espera que busco otro bolí”, decía en inglés Mr Martín mientras soltaba una carcajada.

Sin creerlo fuimos a ahogar las carcajadas con unas cervecitas y unas coca colas y nuestro sufrido gijonés nos recogió al rato para llevarnos a comer un pedazo de bogavante y no se cuantas delicias gastronómicas más.

Capítulo V: Destrozados.

Fue demasiado.
Lo que parecía ser un día gris, aburrído, desilusionante y lluvioso se convirtió en todo lo contrario. Cumplimos con nuestras expectativas y aun nos quedaba tiempo para más, así que aprovechamos para caer rendidos en los brazos del morfeo-o asturiano y tomarnos la siesta de rigor para recuperar fuerzas, porque el día aun no había terminado.

Capítulo VI: Rock in Xixón.

¡Pelayo... Pelayo...!
Al caer la tarde la Compañía Astur cobró vida de nuevo con unos helados y rápidamente regresamos a la playa de Poniente para una de las últimas sorpresas: ¡Avalanch en concierto! en la misma playa de Poniente, con un aforo y unas vistas muy buenas, un sonido de lujo y muchas ganas por tocar... tanto que las carpas cercanas tuvieron que subir el volumen para darles el toque y avisarles de que se marcharan ya :P
¡Pelayo...Pelayo!
La pena fue Ramón Lage , el nuevo vocalista de Avalanch, que se demostró incapaz de llegar en los viejos temas (Xana...) de Victor García (el vozarrón de WarCry) e incluso en los suyos propios (Lucero, Alas de cristal) y se mostró más predispuesto enseñando musculito a la cámara. Mencion especial para el abuelo “heavy” y su nieto que teníamos delante...
¡Y no!, ¡estando en Asturias no tocaron Pelayo!, ¡sacrilegio!

Tras el concierto y unos pedazo de bocata de chorizos (me venció el pan gallego :S ) regados con unos minis de cerveza, nos fuimos de juerga de la mano de nuestro compañero asturiano y entre bares y discoteca (por si algún día mes lees: lo siento nena, es imposible mover mi 46 de pié si yo no quiero que se mueva, tus intentos por quitarme eran inútiles) acabamos tarde en el hotel.
Pelayo-o... Pelayo-o...
Capítulo VII: ¡Al Naranco!

Amanecido el domingo, nuestro último día, bajamos de nuevo a tomar nuestro último desayuno y repetimos el cafelito con nuestro sufrido asturiano, que aun no había pasado por casa (la fama de marchosos de los madrileños a tomar por... jejeje). Tras la despedida (¿cómo era lo de Ulises? :S), tomamos las maletas y salimos de Gijón rumbo al monte Naranco, junto a Oviedo, dónde una magnifica guía turística mezcla entre el sargento de hierro y mi profe de 4º de primaria nos enseñó Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Y allí en las cumbres asturianas escuchamos la lección de historia que una feliz muchacha explicaba a sus colegas... pero hija mía, alma de cántaro, madre del amor hermoso... ¿dónde narices ves tu una llanura para celebrar una batalla campaña entre moros y cristianos? Don Pelayo te agradecería que le conviertas en rey sin serlo pero...madre mía... Uh... dejémoslo... el bueno de Pelayo merece una entrada aparte en este Santo Blog-o.

Por último y a modo de celebración final, una graaan parrillada de carnes en un restaurante asturiano-¿argentino? en la loma del Naranco. Derrotado me quedé con el queso a la brasa, la carne y los chorizos a la sidra... solo recuerdo despertarme después en las llanuras de castilla en el viaje de vuelta.












La foto decente con mi colega Octavio / La foto indecente con mi colega... el Koala

jueves 3 de julio de 2008

Toronto

¡Ya tengo los billetes!


No conozco nada de lo que hay por allí excepto la Torre CN (una de las más altas del mundo) y las cataratas del Niágara que están cerca asi que básicamente, voy "a lo que me quieran enseñar". La primera vez que cruzo el charco y espero que no la última. Es lo bueno de tener familia por allí :D

Y en unos días a Gijón :P

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