Crónica Canadiense
Sí, ya se que la tendría que haber posteado hace 3 meses...
La trama comienza así: mi primo decidió casarse y nos invitó a la boda.
Hasta ahí todo bien, el problema viene cuando mis padres decidieron casarse y formar algo así como una familia “mundial”, de tal forma que tengo familia en Portugal, Francia y Canadá . Mantengo relación con todos mis primos y tíos porque nos solemos juntar cada año en Portugal y siempre prometimos que viajaríamos a Canadá cuando alguno de mis primos canadienses se casase... así que había que cumplir la promesa.
Yo de Canadá solo conocía la Torre CN, las cataratas del Niágara, la policía montada... y a Lobezno de la Patrulla X... así que por una vez viajaba sin saber que narices iba a encontrarme en Toronto.
Mi padre tuvo que quedarse con los calores de Madrid por motivos laborales y por cuidar de mi abuela (ya he comentado alguna vez sus problemas con el alzheimer, llevarla tan lejos no iba a ser posible) pero tras hacernos pasaportes, comprar billetes, seguro y demás, mi madre, mi hermano y yo ya teníamos las reservas confirmadas.
Del viaje en avión... bueno, era la segunda vez que montaba tras mi viaje a París de hace años pero a diferencia de primero se me hizo pesado... 8 horas en el avión viendo una película en español-latinoamericano sobre unos hombrecillos prehistóricos raros se hizo demasiado. Además solo pude dormir media horita, aunque por suerte llevaba conmigo “Las Guerras Ibéricas” y “Aníbal” de Avieno así que me empaché de leer.
Llegamos al Pearson Airport de Toronto y tras librarnos del poli de la aduana sin problemas porque nos vio cara de turistas perdidos y mi ingles de calle no es tan malo como pensaba (pues no, no eran 10´000 dolares los que ponía en el papel a declarar, sino 10.000... ejem). Recogimos la maleta y nos encontramos con mi peculiar tío canadiense (uno de los dos que tengo allí).
Sería muy pesado hacer una crónica del día a día y algunos días no hice más que leer a Avieno y a Titio Livio (en el sofá-columpio del jardín... lujazo) y dar algún paseo por el barrio así que me limitaré a lo importante.
Así que por orden de importancia, antes de las cataratas, de la torre o de Toronto... ¡la casa de mis tíos!
Era la típica casa residencial de las pelis americanas, con su jardín delantero y otro trasero pero por dentro... madre mía, 5 pisos de casa: habitaciones y baño en el superior, salón y cocina en el bajo-delantero, pedazo salón + estudio y baño en el bajo-trasero, sala de estar (con billar) + bodega y 2ª cocina en el inferior 1º y otra habitación + otra bodega en el inferior 2º. Aquí hay que aclarar que no es que mi tío sea rico, sino que, por una parte se lo supo montar bien y por otra las casas son todas con armazón de madera y aislante por dentro y una fachada de ladrillo en el exterior, con lo cual son más asequibles. Son más peligrosas si se produce un fuego pero están muy bien construidas y los –20º de invierno les impiden construirlas con cemento porque se resquebrajarían. Tuve la ocasión de ver algunas casas en construcción y con el armazón son auténticas jaulas de madera. Yo solo se que quiero una casa así :D
El primer día cenamos en casa con mi otros tíos canadienses y ante mi miedo a pasarme 12 días comiendo reno con ketchup -¡botes de kilo y medio señores!- debo decir que no, en mis tíos prevalece el espíritu luso-español de comer bien y llenar la panza (la carne alentejana que comimos un día estaba de muerte) así que comimos de lujo y todo regado con Sleeman y Mooshehead, que ya las quisiera yo aquí en lugar de la Mahou o la Damn. Baste decir que aquí no suelo beber cerveza en las comidas, allí todos los días una para la cena :D
Cataratas del Niagara
Yo sabía que aquello era grande pero, caray, es bestial. Por la mañana a eso de las 9 salimos de Toronto rodeando todo el Lago Ontario hasta llegar a las cataratas... 125 kilómetros con el lago siempre a la izquierda y es que, amigos, es un lago tan grande como la mitad de Portugal o la provincia de León.
Antes que nada hay que destacar que si bien, los canadienses tienen una formación como conductores pésima (basta con presentarse al examen práctico con tu coche), el civismo como conductores es de pura envidia (ningún bocinazo, no se sobrepasan los límites de velocidad y nada de mala palabras). Por otro lado, hay parkings por todos lados, no hay problemas de aparacamiento, peeeeero son carísimos pues solo salen rentables si vas a tener el coche todo el día, no se paga por horas.
Pues ea, eso, que llegamos a las cataratas que en la parte superior parecían un mar bravío y hacían un ruido ensordecedor al caer, aparte de lanzar un chorro de agua hacia arriba, que si había viento te calaba entero. Y como vale más un par de imágenes que unas palabras pueees...
El barquito este te llevaba hasta justo hasta la boca de las cataratas pero la fuerza del agua le impedía acercarse más de lo que se ve y terminaba por echarle para atrás. Había una cola tremenda para montarse en el barco, además la idea de ir calados hasta los huesos el resto del día no gustaba mucho al personal.
Sobre las cataratas hay muchas historias de gente dispuesta a demostrar la estupidez o el valor (que cada cual escoja lo que más le guste) del ser humano. Desde el ricachón que decide emular a Noe lanzando un barco de vapor lleno de animales (solo sobrevivieron los osos y los patos), hasta el que se tiró en una especie de tonel esférico –y evidentemente ahí se quedó-.
Tras pasarnos la mañana por esos lares, nos alejamos de la tentadora y pecaminosa vista de los casinos del Niagara para seguimos el curso del río y acampar unos kilómetros más abajo para comer. Después continuamos e hicimos un alto en una estación eléctrica con curiosas vistas y un pintoresco y gigante reloj hecho con flores para continuar hasta Niagara-on-the-lake, un curiosa ciudad en la confluencia del río con el Lago Ontario con edificios del siglo XIX, que la parecer tuvo su importancia tiempo atrás. No pudimos más que dar un corto paseo porque enseguida comenzó a llover con fuerza y tuvimos que huir a Toronto de nuevo.
Al día siguiente hicimos una sardinada en casa de mi otro tío y por la noche nos acercamos a la CN Tower, junto al estadio de los Blue Jays, que al igual que el viejo Coliseo y la gigantesca lona que lo cubría (que era necesario todo un destacamento de la armada romana para retirarla), impresionaba por su tamaño y su cubierta móvil.
Respecto a la CN Tower baste decir que es la más grande del mundo con medio kilómetro de altura. Subímos al primer mirador para ver la ciudad con sus luces en toda su extensión y “acongojarnos” un poquito con las partes del suelo que eran de cristal transparente y después subimos al último mirador para seguir “acongojados”.
En cuanto a la propia Toronto, es bastante curiosa, tiene unos 2 millones y medio de habitantes aunque su extensión me pareció mayor que Madrid, más que nada porque no hay edificios de pisos. Todo el mundo vive en pequeñas casas independientes o con jardines adosados, los pisos son escasos y los rascacielos solo para empresas en el centro de la ciudad, junto al lago y entorno a la Torre de Toronto.
También hay algunos edificios del siglo XIX –así a ojo el edificio de la universidad, que de grande tiene un rato-
...y como no podría ser menos un barrio chino dónde encontramos esto:
Por lo demás, hay una cosa en la que, si bien, los torontinos, torontienses o como sea nos ganan en hacerlo todo a lo grande, los madrileños ganamos por goleada: ¡el Metro!
Tienen tres tristes líneas de suburbano –me colé sin saberlo por cierto- con vagones similares a los que teníamos nosotros hace 15 años, aunque todo hay que decirlo, toda estación está enlazada con una línea de autobús, aparte del tranvía que circula por las calles principales.
¿Y la boda? Sí, sí, también fui a la boda y tras 6 años sin ver a mi primo me alegré bastante al ver que a pesar de estar a punto de casarse seguía siendo el mismo de siempre. Describir a mi primo es casi describirme a mi, pero unos años más viejo, con toques canadienses y un palmo o dos más alto que servidor. Descubrir a su ya esposa es describir a una teutona de 2 metros –nunca mejor dicho, su familia es descendiente de polacos- bastante afable y digna de mi primo. La boda bien, en una iglesia unitaria, con una fachada antigua y un interior moderno, con un curilla simpático y yankizado al que logré entender buena parte del tiempo (como curiosidad diré que por esos lares los padrinos no son los padres ni familiar alguno, sino los amigos más cercanos a la pareja, que además se encargan de recibir y organizar a la gente durante todo el día) pero en fin, lo mejor de todo fue el menú del restaurante con su plato estrella entre tanto menú canadiense: ¡Caldo Verde Soup!
Caldo verde, si señor, con un par. Para los no profesos diré que el caldo verde es un caldo típico de la gastronomía portuguesa con hojas de col partidas muy finas y chorizo, lo que le da un sabor fuertecillo en una textura suave (para los no amigos de los sabores fuertes el chorizo es opcional).
Acercándose a la una de la noche nos toco marchar. Sí, a la una de la noche, no os extrañéis, que los raros somos nosotros no el resto del mundo. Así que a la una en punto todo el mundo salía por la puerta rumbo a sus casas... ¿todos? ¡no!, una banda de irreductibles... mejor dicho: mi tío, mi anfitrión recordemos, convocó a la parte lusitana de la boda para continuar la fiesta en su casa y, a golpe de acordeón –en su juventud tocaba en una orquesta- y los restos del almuerzo... que teniendo en cuenta que es costumbre lusitana que los padres de los novios den un almuerzo copioso a la parte cercana de la familia, los restos eran abundantes... pues continuamos con la fiesta hasta las 4 de la noche.
Pocos días después toco marchar y dejar atrás una de las mejores vacaciones de mi vida –extraño porque no había ruinas romanas...- y la experiencia de haber cruzado el atlántico y conocido una civilización diferente a la europea pero eso sí, aun quedaba una experiencia más por conocer antes de salir: los aduaneros canadienses.
Y es que por azares del destino o más bien por mi hermano, llegamos tarde al aeropuerto y por querer “colarnos” o más bien usemos el concepto español: por querer llegar junto a unos familiares que también salían en nuestro mismo avión... una señorita muy uniformada, ajena a las costumbres mediterráneas sin duda, nos mando castigados a pelearnos con una máquina que sacaba los billetes, en lugar de ir con los... amables empleados que facturaban el equipaje. Total, que luego nos pusimos a la cola y cómo tardaba demasiado y nuestros familiares ya habían facturado hacía tiempo le preguntamos a un amable empleado que, llevándose las manos a la cabeza nos llevó-arrastró hasta los de facturación (lo veeessss, si al final nos íbamos a colar de todas formas), dónde un...amable, empleado comenzó a decirnos cosas que yo, como mi fabuloso dominio del ingles no comprendía... así que con un “one moment, mister” al amable empleado llamé a mi tío para que se acercara a traducirnos... mi dominio del ingles no salió mancillado, en clase no nos enseñaban insultos canadienses, solo ingleses.
Y llegamosssss a la puerta de embarque 5 minutos antes de embarcar, unos campeones que somos aunque... total ¿para qué tantas prisas si luego el avión tardó en despegar? :D
En fin, genial el viaje y espero volver a repetirlo aunque tras la boda de mi primo, me queda una espina clavada... y es que entre todos los primos (y somos unos 11 o 12) tenemos una especie de lista mental en la que vamos tachando a los que se van casando y viendo a quien le toca después según su edad. Teniendo en cuenta que los 3 primos que tengo por delante de mi ya se han casado... adivinad a quien le toca ahora.
Yo no digo nada, pero se aceptan voluntarias.
Categorías: Crónicas


Arwen_mge dijo...
¿La vaca que ríe en versión china? ¡¡Lo que me quedaba por ver!!
En fin, ya era hora de la crónica, jodío, que anda que no te haces de rogar :P.
Tenías que habernos traído ketchup, so tacaño ¬¬
6 de noviembre de 2008 7:06:00 CET
Mafalda dijo...
Me gustó mucho esa parte de Canadá cuando la visitamos. Y sí, yo me monté en la chalupilla del Maid of the Mist para mojarme hasta las bragas!! ^^
Me ha encantado la crónica. Eso me recuerda que algún día debería yo hacer la de Nueva Zelanda...
4 de diciembre de 2008 11:49:00 CET
Solveig_llanto dijo...
Una pena lo de las largas colas para subir en los barcos, porque, pese al agua que cae, eso de estar tan cerca del estruendo del Niagara es inolvidable.
7 de abril de 2009 17:51:00 CEST