domingo 1 de noviembre de 2009

Yo Claudio

La que gime bajo la punica maldición y se ahoga bajo el peso de oro,
antes de sanar, aun más que enfermar.
Su boca viva engrendrará moscones y gusanos en sus ojos bullirán.
Hombre alguno sabrá el día de su muerte.

Diez años y cincuenta y tres días y Clau-Clau-Claudio
recibirá un regalo que todos codician menos él.
Más cuando haya enmudecido y ya no esté
-mil novecientos años más o menos- Clau-Clau-Claudio hablará con claridad.

Vaaaaale, se que prometí poner un libro al mes. Venga que ahora si, a la tercera va la vencida y para compensar la espera no será un libro, serán dos y de postre una serie.


Robert Graves es una de esas mentes pensantes e inquietas de comienzos del siglo XX, en un mundo hostil e igualmente inquieto.

Fué voluntario, en el regimiento de fusileros inglés durante la Primera Guerra Mundial aunque pronto pasó a retaguardia tras ser gravemente herido -incluso comunicaron a su familia su muerte- lo cual le causó graves secuelas en los pulmones por lo que no pudo reincorporarse. Tras su paso por las trincheras europeas y un breve paso por Inglaterra para formarse en Oxford, se estableció en la Universidad de El Cairo y años después se estableció en Denià (Mallorca), aunque tuvo que abandonar la isla en el lapso de la guerra civil y la guerra mundial para regresar después hasta su muerte.

En el terreno literario a pesar de que la mayor parte del mundo solo conoce su obra magna, Yo Claudio, el inglés tuvo una vida literaria bastante amplia, publicando varios volúmenes de poesias, unas cuantas novelas, históricas y no históricas (una de ellas dedicadas al siempre olvidado Belisario) y alguna que otra obra más.

Respecto a Yo Claudio y su menos conocida continuación Claudio, el dios, a pesar de algunas críticas acerca de que, en algunos aspectos es copia directa de los viejos clásicos, lo cierto es que Graves tiene la formación eurita de los hombres de su época y narra la historia con un estilo magistral, en primera persona y en boca del propio Claudio, un Claudio que nos aparece como el siempre marginado y despreciado dentro de la familia imperial.
Tartamudo, cojo, torpe y aquejado de enfermedades desde pequeño.

Así mismo un Claudio, republicano convencido desde su más tierna infancia hasta su muerte ,aun pasando por la púrpura imperial, un Claudio historiador que elabora una historia sobre los etruscos y otra sobre los púnicos, asi como otra sobre su propia familia, un Claudio filólogo, que incorpora letras nuevas al alfabeto latino y un Claudio arquitecto que deseca el lago Fucino y construye un nuevo puerto en Ostia.

Aparte, de la mano de Claudio vamos conociendo a toda la familia imperial, a la intrigante Livia, a los escasos y peculiares amigos del protagonista: Herodes Agripa, Postumo César y su gran hermano Germánico, entre otros pocos. Sus peculiares enlaces matrimoniales y sobretodo ese instinto de supervivencia casi inconsciente que le hace sobrevivir a todos sus familiares y convertirse en emperador por obligación de las tropas Pretorianas.

Yo Claudio nos narra su historia hasta ese punto mientras que Claudio, el dios parte de ese momento y nos lleva al trono imperial, por él presidido. La conquista de Britania, los problemas con los judios, las aventuras amorosas de su tercera esposa Mesalina y las intrigas palaciegas de Agripina, su cuarta esposa, y su hijo Nerón, así como los movimientos de sus secretarios libertos, Palas y Narciso, el recelo del Senado y como Claudio engaña a todos y prepara su gran final.


Graves tuvo tanto éxito que la novela paso a serie de televisión de la mano de la BBC y el director Jack Pulman escogió a actores de teatro sakhesperiano -algo que se nota muchisimo en la serie y las acciones de los personajes- hasta entonces desconocidos para el gran público, algunos de los cuales adquirieron la fama gracias a sus magnificas interpretaciones entre las que destacan la de Derek Jacobi (Claudio), Brian Blessed (Octavio), Shian Philips (Livia) o John Hurt Caligula)



Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón, Germánico...

jueves 1 de octubre de 2009

Freddie&Monserrat

Con esto de todo el jaleo que están montando con los juegos de Madrid 2016 me ha venido a la mente un recuerdo de infancia, de los juegos del 92, en concreto.

Damas y caballeros, pongan los altavoces bien alto porque la ocasión lo merece:


Y yo me pregunto: Si gana Madrid... ya se que llegar si quiera a la mitad de ESTO es imposible pero... ¿a quién o quienes pondrán?

quenoseanlostriunfitos,quenoseanlostriunfitos,quenoseanlostriunfitos, porvafor,porfavor,porfavor...

Grande Freddie, Grande Monserrat.

martes 15 de septiembre de 2009

El coste del Imperio

«Romano..., recuerda tu misión: gobernar a todas las naciones con tu fuerza. Los medios para ello serán establecer leyes de paz, ser condescendiente con los humildes y combatir a los soberbios».

Virgilio; Eneida

Tal cual señala Virgilio en la Eneida, los romanos eran conscientes de que su poder a lo largo del mediterráneo residía en sus caligae, o dicho de otra forma, en sus soldados. Por ello, desde época muy temprana, no repararon en gastos a la hora de armar a sus legionarios, aun conscientes del enorme sacrificio que eso suponía.

Hablar de un ejército profesionalizado hasta el extremo, con una logistica casi perfecta, y un generalato bien preparado es una inversión, no solo humana, sino económica impresionante. Hoy hablaremos de ello, del coste que suponía el ejercito romano durante el Alto Impero.


Durante la republica temprana, en tiempos de Emilio Paulo y Escipión, el historiador Polibio nos cuenta:

"Los romanos... habitualmente enrolan cuatro legiones al año, cada una compuesta por cuatro mil soldados de a pie y doscientos a caballo; y cuando surge alguna necesidad inusual, incrementan el número de soldados de a pie a cinco mil y de caballeros a trescientos. De los aliados, el número en cada legión es la misma que la de los ciudadanos, pero la caballería es tres veces más grande".
Polibio; Historias
El ejercito manipular republicano contaba con unos 4.500/5.000 efectivos por legión, compuesta cada una por hastati (1.200), princeps (1.200), triarii (600) y velites (1.200) en infantería más la caballería (300). Eso nos da un total de 18.000/20.000 hombres que salían cada año de entre todos los hombres, en mayoría de edad y con categoría de ciudadano romano. No tenemos datos fiables sobre el número de ciudadanos romanos en esta época pero nos podemos hacer una idea general con el censo de Augusto del año 28 a.C que nos arroja unas cifras de 4 millones de ciudadanos romanos en Italia (la península italiana adquiere la ciudadanía tras la muerte de Julio César), siendo 1 millón el número de ciudadanos en la propia Roma. Debemos hacernos a la idea que todos los años, los Cónsules de Roma sacaban a 20.000 romanos, de un total de bastante menos de un millón, de sus casas, para luchar por la patria. No es pues de extrañar las graves crisis demográficas que supusieron hechos como las derrotas durante la guerra contra Anibal o contra Cimbrios y Teutones.

Pero, avanzando en el tiempo hasta época augustea, las cifras son más claras y los datos más impresionantes. Con Augusto hace ya tiempo que las palabras de Polibio sobre las 4 legiones anuales quedaron atrás. El número de legiones se fué incrementando, sobretodo a raíz de las conquistas fuera de Italia (Hispania, Numidia, Galia...) y de la crisis de la república, (Mario&Sila, Pompeyo&César, Octavio&Marco Antonio), siendo así, que tras la batalla naval de Actium, en Septiembre del año 31 a.C. y la posterior derrota de Marco Antonio, gracias al genio de Marco Vipsanio Agripa, Augusto, el Senado y el Pueblo de Roma se encuentran con la cifra desorbitante de 60 legiones (las legiones supervivientes de Marco Antonio fueron perdonadas), con el consiguiente y desorbitante gasto que eso suponía para el Erario de Saturno, el tesoro del estado.

La cifra de 60 quedará reducida a unas 25/26 legiones, aunque Vespasiano subirá el número a 28/29 y Trajano a 30 para sus campañas en Dacia y partia. La distribución legionaria en tiempos de Augusto la podemos observar en el siguiente mapa:


Una observación sobre el mapa: es de época de Trajano, la mayor expansión del imperio, no de Augusto, asi que habría que restar Mauritania, reino cliente anexionado por Caligula, Britania, conquistada por Clau-Clau-Claudio, la Dacia y Mesopotamia, conquistadas por Trajano y Arabia y Armenia, reinos clientes anexionados por Trajano.

Bien, las legiones restantes -principalmente las que lucharon con Marco Antonio- fueron licenciadas. Se calcula que fueron licenciados 300.000 legionarios romanos -no hay cifras para tropas auxiliares pero debemos tenerlas en cuenta-

Por esta época, el ejercito ha evolucionado tras la reforma de Cayo Mario y las sucesivas reformas y adaptaciones durante la crisis republicana. La legión ahora se forma en cohortes, no en manípulos y ya no hay cuatro clases de legionarios segun su censo, sino una única clase de legionarios, con un equipo estandar. La legión se compone de 5.500 legionarios y 120 equites. Además, a partir de César y en progresión hasta Trajano, se aumenta el número de artillería -principalmente escorpiones- hasta un número de una pieza por centuria -59 piezas de artillería por legión-

Aparte de la legión estandar, hay que señalar la sempiterna y olvidada presencia de las tropas auxiliares. Los Auxilia, se renuevan con Augusto -ya César les había dado un lugar destacado en sus campañas- y se crean cuerpos de auxiliares profesionalizados, siendo muchos de ellos unidades de élite como los Sagittarii (arqueros), Funditores (los famosos honderos baleares estaban aqui), Contarii (lanceros, tanto a caballo como a pié), equites maurorum (caballería ligera, toma su nombre de la caballería mauritana y númida). Los auxiliares también se dividían en cohortes como las legiones y su número debía de ser, aproximadamente porque apenas hay datos, el mismo que el de legiones o muy cercano. Así, nos encontramos con Augusto, tres tipos de cohortes auxiliares, a saber: cohors quinquagenaria equitata (de caballería), cohors quinquagenaria pediata (de infantería) y cohortes mixtas (de infantería y caballería). Con Vespasiano se elevaría elevaría el número de unidades pasando de quinquagenaria a miliaria (de entre 700 y 800 soldados). Estas tropas aliadas ganaban la ciudadanía romana al finalizar el servicio y sus hijos podían enrolarse en las legiones.

En ocasiones, además de legiones y cohortes auxiliares, los reinos clientes del imperio aportaban tropas aliadas, pero los gastos de estas corrían a cargo del reino en cuestión.


Aparte de estas tropas, debemos contar también con la famosa Guardia Pretoriana, cuerpo de élite creado por Augusto (aunque existen precedentes desde la famosa cohorte de amigos, de Escipión en Numancia) y asentados definitivamente en el Castra Praetoria, en Roma bajo Tiberio por sugerencia del Prefecto de los pretorianos Lucio Elio Sejano. Su misión era la protección de la familia imperial, ya fuese en Roma o luchando con el emperador y las legiones en las fronteras de Roma. Originalmente formados en 9 cohortes de unos 480 hombres por centuria (4.000 pretorianos en total) el número fué variando segun el emperador llegando hasta las 16 cohortes con Vitelio, para quedarse definitivamente en 10 bajo Domiciano hasta su disolución con Constantino.


En cuanto al mar, en el año 27 a.C. con Augusto, se establecen dos flotas, la flota sur con base en Miseno, en la Campania (Classis Misenensis) y la flota norte, en Ravena (Classis Ravennatis). Una inscripción hayada en Miseno nos arroja los siguientes datos sobre la flota de Miseno: 11 liburnas, 50 trirremes, 9 quadrirremes, 1 quinquerreme y 1 exarreme.
Con el tiempo el número de flotas se ampliará y ajustará segun las necesidades y zonas (Rhin, Britania, Alejandría...).

Habría que contar algun que otro cuerpo armado más, como la cohorte de esclavos y libertos creada por Augusto para tareas de policía, bomberos y vigilancia dentro de la propia Roma pero no los podemos considerar combatienes defensores del imperio.


Sin embargo, no podemos quedarnos solo en las unidades de combate. En un ejercito, el 10% son las batallas, que bien pueden ser decisivas pero lo verdaderamente importante es lo que hay detrás, toda la logistica de la campaña, el estacionamiento de guarniciones -en ciudades recién tomadas- y campamentos pues al caer la tarde todos los ejercitos en movimiento debían de construir un campamento fortificado y destruirlo al amanecer, antes de ponerse en marcha. Incluso al avistar al enemígo había que construir el campamento antes de entrar en batalla. Tampoco podemos olvidar el equipamiento de los soldados, pagado por el Estado desde la reforma de Cayo Mario y por supuesto el personal civil ocupado de los bagajes y el consiguiente transporte y protección de estos durante las campañas.

Entrando finalmente en los costes financieros que suponía todo esto, las cifras son desrobitantes.
El sueldo de un legionario romano en tiempos de Augusto era de 900 sesterios al año, es decir que redondeando legión arriba, legión abajo podemos indicar que el Estado Romano tenía que pagar 140.000.000 millones de sesterios al año a las tropas romanas. Los Pretorianos cobraban el doble por lo que tenemos 72.000.000 millones de sestercios al año. Y los axuliares no está claro pero cobrarían la mitad o un tercio del sueldo de un legionario y teniendo en cuenta la cifra poco clara de que sus efectivos alcanzaban un número aproximado al del número de legiones podemos conjeturar unos 52.000.000 millones al año. En total 264.000.000 millones de sestercios al año sólo en el pago de las soldadas y sin contar los sueldos de centuriones, tribunos, caballería y demás mandos, que obviamente eran superiores a los del soldado raso. Tampoco están incluidas las soldadas de la flota, aunque hay que señalar que los remeros (que no es lo mismo que la dotación militar de un barco) eran esclavos, libertos o personas con el estatus de peregrino por lo que no cobraban o cobraban muy poco.

Los sueldos fueron bajando de Augusto hasta Domiciano, que para ganarse a las tropas elevó las soldadas. Los Pretorianos pasaron a ganar 1.000 sestercios, 300 los legionarios y 200 las unidades auxiliares (lo que nos da idea del bajón que habían experimentado los sueldos hasta los Flavios).

Pero ahí no queda todo, el legionario romano, al acabar su servico y presentar su cógido de buena conducta durante todos sus años de servicio a la patria, recibía como recompensa 12.000 sestercios extras por licenciamiento, otros 50.000.000 millones al año, lo que, sumado a lo anterior, da un total de 314.000.000 millones de sestercios al año. En ocasiones esta paga se sustituía por la entrega de tierras en propiedad.

Los soldados también podían tener ingresos extra, principalmente debído a los botines de guerra, de hecho es lo que esperaba todo legionario ya que el sueldo base no daba para mucho pero si tenía suerte podía llevarse un buen botín a casa al terminar el servicio ya que el botín iba a parar a las cajas de los soldados tras restar la parte destinada a los cargos militares.
Además, el cambio de emperador solía suponer una recompensa a los soldados leales que le habían apoyado en su ascenso o bien para ganarse su apoyo. Esto principalmente lo ganó en la mayoría de las ocasiones la Guardia Pretoriana, cuyo "precio estandar por emperador" era de 12.000/15.000 sestercios por pretoriano (cifra esta última la que pagó el emperador Claudio a los pretorianos). Como nota del poder de esta unidad, en el año 193 d.C, tras la muerte del emperador Pertinax, los pretorianos subastaron el imperio al mejor postor. El Consul Didio Juliano pagó 25.000 sestercios a los pretorianos por el trono aunque no le duró mucho.


¿Quién pagaba todo esto? Obviamente el Estado como hemos dicho, pero a través de los impuestos que pagaban los ciudadanos no-romanos del imperio, sobretodo los que tenían estatus de peregrino, seguídos de los ciudadanos de derecho latino, además de los tributos recibídos por los reinos clientes del imperio. Esto por supuesto creaba descontentos entre esas capas de población, además de que eran unas cifras tremendamente difíciles de pagar ya que en ocasiones el tesoro podía llegar a estar vacío, (durante la guerra social y aunque con menor número de efectivos, el tesoro del templo de Saturno estaba prácticamente agotado y algunos generales como el padre de Pompeyo Magno o el propio Cayo Mario tuvieron que pagar legiones de su bolsillo.) Los romanos no pagaban impuestos directos, aunque sí pagaban algunos impuestos indirectos por heredad, defunción, letrinas y otros.

Así, que los emperadores, sobretodo Augusto, tuvieron que buscar otras formas para pagar a las tropas. Una de las medidas que se tomaron en época de Augusto fué crear el Vicesima Hereditatum, un impuesto del 5% por temas de herencias entre romanos, que iba destinado al Aerarium militare (también creado por Augusto como caja para el ejército para diferenciarlo del Erario de Saturno) para el pago de los licenciamientos y que en parte calmaba un poco los ánimos de peregrinos y latinos.

También se elevó el número de años de servició militar para reducir el coste del licenciamiento y de 16 años para los legionarios se pasó a 20, mientras que los pretorianos terminaron pasando de 12 a 16.

Aun así esto seguía siendo insuficiente y en ocasiones se usaba la propia fortuna de la familia imperial para pagar al ejército. Augusto llegó a donar 170.000.00 millones al Erario militar de su propio bolsillo, lo cual nos da una idea de la exorbitante riqueza que tenía la clase noble romana.

Desorbitantes cifras sin duda. El coste del imperio romano...
Vótalo en:
Historiador.net

sábado 12 de septiembre de 2009

Crónica de un fin de semana rockero



Prólogo.

Viernes, a eso de las seis y media, con un tiempo respetable, servidor saltaba del autobus frente al mítico puente de Segovia y se encaminaba hacia su objetivo: el macdonalsburguerkingcomosellame donde la anfitriona daba de comer a los canarios -por mal que suene, venían fámelicos ellos, que le vamos a hacer-

Barrigas llenas después y saludos varios, la pequeña y modesta trouppe movía el trasero hacia La Riviera, donde empezaba a acumularse la gente para ver a los Quo. Signo de la calidad del grupo es que, con sus 40 añazos de vida grupal, la media de espectadores era de unos 30 años, entre el público asomaban cabezas de 20 y tantos (servidor) y cabezas de 60 y pocos.

La cerveza comenzó a correr pronto, nada más recorrer el espacio de la entrada a la barra más cercana al escenario.

Los invitados, invitados.

Por así decirlo.
Creo que nadie sabía que habría teloneros y de esperarlos... ¿a quién se imagina uno de teloneros de los mundialmente famosos Status Quo? pues nada menos que a El artista invitado... no, nada de un solita, he dicho "El-Arista-Invitado" (que se parece terriblemente al chiste del perro que se llama como tú).
Nombres aparte y tras investigar un poco, El Artista Invitado es un grupo rockero de Hospitalet, con tres maquetas a sus espaldas, liderados por el solita y guitarra J. Bernat, que al parecer tocó durante varios años en la Bon Scott Band.

Podríamos decir que a los invitados invitados les tocó la lotería y tocaron con ganas, con un rock que parecía mezclar a los Hombres G con AC/DC. No fueron muy allá pero se defendieron.

Mención aparte el inquietante rostro del lider, que vetetuasaberporqué pero me recordaba mucho a Michael Landon.

Ahí queda eso.


Los viejos rockeros nunca mueren.

Que razón tiene el refrán. He estado en otros conciertos, las crónicas de este Baluarte son testigo, pero jamás he visto tanta profesionalidad sobre un escenario. Los Statu Quo salieron al escenario al ritmo de Caroline, lo cual ya auguraba un buen comienzo, para seguir con The wanderer, Don´t drive my car, The Oriental... siguieron dando caña como si los 40 años sobre los escenarios no pesasen, tanto asi que a mitad del espectáculo parecía más cansado el público que los artistas y estos, sabiendolo de antemano bajaron el ritmo con la melódica Living on an island.
Nos dieron un breve respiro, breve, breve pues enseguída comenzaron uno tras otro con los grandes exitos de los abuelos ingleses, In the Army hizo saltar al público y tras él un pedazo de solo de batería a cargo de Matt Letley que nos dejó pasmados pues cada vez que parecía que iba a acabar y la gente comenzaba a aplaudir... ¡volvía a subir el ritmo!. Increíble. Además fué el único que no se tomó un descanso -el resto aprovecharon el solo para descansar- y que practicamente estuvo todo el concierto en los mandos de la batería.
Como traca final el archiconocidisimo Whatever you want y como despedida el mítico himno Rocking all over the world.
Volviendo a la profesionalidad, todo el grupo estuvo muy atento con el público saludando y haciendo gestos, sobretodo el lider Francis Rossi con su vieja telecaster verde, ya desgastada por un lado, y el bajista Jhon "Rhino" Edwars, al que tuvimos al ladito durante casi todo el concierto, aunque en general todos se movieron por el escenario a excepción de Rick Parfitt, segunda guitarra y segunda voz, que se mantuvo fiel en un lado del concierto y excepto una breve incursión por nuestra banda, decidió que aquel era su sitio. Matt Letley obviamente se mantuvo aun más fiel a su lugar que Parfitt, aunque en su caso habría sido algo raro dejar la batería sola.

Mención especial merece mi ahora adorado Andy Bown, al frente de los tres teclados, al frente de la tercera guitarra, al frente del tercer micro, ¡al frente de la armónica!, ¿hay algo que no sepa hacer este tipo?. Aparte de eso... era Clint Eastwood pero con teclado en lugar de pistola. Unas imágenes valen más que mil palabras.


Aspectos negativos también los hubo aunque no por parte del grupo sino por La Riviera. Aparte de algunos problemas de sonido al comienzo -y de los sempiternos 40 eurzaos-, la sala decidió que, con un verano como el que tenemos los madrileños, era muy buena idea apagar uno de los aires acondicionados de la sala... y bueno, sería buena idea para aquellos que quisieran adelgazar porque me da la sensación de que todos salimos con dos kilos menos del concierto... Status Quo incluído y segun ha leído este cronista, Francis Rossi debió de salir con la voz tocada, le debió de salvar el abanico que le llovió de entre las primeras filas del público y que con tanto arte usó una y otra vez.

La mejor parte del concierto: las tres guitarras Rossi, Parfitt, Bown y "Rhino" el bajo a la vez, en el borde del escenario.

Epílogo

El sábado, tras salir del trabajo, servidor se unió de nuevo con los expedicionarios canarios y su anfitriona para pasar una tarde tranquila y descansada -las calles y el calor de los madriles habían terminado con ellos por la mañana- tomando unas cañas y unas tapas. Charla variada animada regada con cerveza ¿qué mejor?




...



Y por cierto... "Sí a todo".

Fotógrafo oficial de las fotos del concierto: Carlos

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